Hoy, en Crónicas del Comercio, hablamos de las primeras herramientas de marketing silencioso y cómo esa historia vive todavía en el e-commerce… hablamos de: las estanterías y el arte de colocar productos.
Imagina un supermercado en 1930. Entras y todo está detrás del mostrador. Le pides al tendero «medio kilo de arroz y una lata de conservas». Él te lo da. Tú pagas. Y ahí terminaba la transacción. Fin de la historia.
Pero ese año, en Memphis, Tennessee, un hombre llamado Clarence Saunders lo cambia todo con su tienda «Piggly Wiggly». Inventa el autoservicio. Por primera vez en la historia, el consumidor cogía los productos de las estanterías.
La revolución fue simple y poderosa: mostrar más para vender más. Los productos dejaron de ser solo objetos… se convirtieron en actores de un escenario cuidadosamente montado. La altura, la iluminación, la agrupación por color o categoría… cada decisión contaba.
El product placement
Todos los estantes son iguales. Con la llegada de los supermercados a mediados del siglo XX, la historia dio un salto científico y los ingenieros del retail descubrieron algo fascinante: los productos colocados a la altura de los ojos se venden entre un 35% y un 40% más que los que están en el estante inferior.
Lo llamaron «shelf at eye level is shelf at buy level». El estante a la altura del ojo es el estante de la compra.
Y de repente, esos centímetros de metal se convirtieron en los bienes raíces más caros del comercio. Las marcas empezaron a pagar, a negociar, a luchar por ese espacio dorado entre los 140 y 170 centímetros del suelo. Así como las góndolas altas o los espacios cerca de cajas que generan lo que hoy llamamos ventas impulsivas.
Curiosidad: algunas cadenas incluso experimentaron con estantes inclinados y espejos para hacer que los productos parecieran más grandes o más atractivos.
La estantería dejó de ser un mueble. Se convirtió en un campo de batalla.
La ciencia oscura del merchandising
Los supermercados no colocan productos al azar. Detrás hay psicología, datos y, seamos honestos, manipulación pura:
La Regla de Oro: Los productos más rentables van a la altura del ojo del adulto. Los productos para niños (cereales azucarados, galletas con dibujos animados) van a la altura del ojo del niño. ¿Coincidencia? Jamás.
El Efecto Búnker: Los productos básicos, los que necesitas (leche, huevos, pan), siempre están al fondo de la tienda. ¿Por qué? Para obligarte a recorrer todo el pasillo. Y en ese recorrido, compras impulsivamente cosas que no necesitabas.
La Zona Muerta: El estante inferior es el cementerio de productos. Ahí van las marcas blancas, los productos sin presupuesto de marketing, los que el supermercado quiere que olvides. Porque literalmente no los ves. Tu cerebro ni siquiera los registra.
El Facing: ¿Has notado que algunas marcas ocupan el doble o triple de espacio que otras? No es porque tengan más stock. Es porque pagaron por más «caras» visibles del producto. Más espacio = más ventas. Es matemática pura.
Y luego está el truco más sutil de todos: la dirección de lectura. En Occidente, leemos de izquierda a derecha. Por eso, el producto que está a la izquierda del estante se ve primero. Los supermercados lo saben. Las marcas también.
El legado de las estanterías
Las estanterías nos enseñaron algo esencial: el comercio no es solo mostrar productos, es guiar la experiencia del cliente. Y ahora, el salto digital. Porque si crees que el product placement terminó en las tiendas, déjame presentarte: el influencer marketing y el algoritmo.
En Instagram, TikTok, YouTube, el product placement ya no es obvio. Es nativo. Una influencer te muestra su rutina matutina y «casualmente» usa un serum de una marca. Un gamer bebe una bebida energética con el logo perfectamente visible. Un streamer tiene auriculares de una marca específica siempre en cámara.
¿Es publicidad? Sí. ¿Lo parece? No. Y esa es la evolución.
Pero aún más sofisticado: los algoritmos como estanterías digitales. En Amazon, los primeros tres resultados de búsqueda se llevan el 64% de los clics. ¿Quién decide qué aparece primero? Una mezcla de relevancia, precio y… cuánto paga la marca por estar ahí.
Así que la próxima vez que recorras un pasillo o navegues un catálogo online, recuerda: cada producto está ahí por una razón. La estantería no es solo un soporte…es el escenario donde se representa la magia del comercio.



