La Comisión Europea quiere poner fin a una de las normas tecnológicas más criticadas por los usuarios: la obligación de aceptar cookies en cada visita a una web. Esta medida, incluida en la Directiva de Privacidad Electrónica de 2009, buscaba proteger a los consumidores, pero en la práctica ha llenado internet de ventanas emergentes que la mayoría cierra sin leer.
En su nueva agenda de simplificación regulatoria, Bruselas estudia introducir excepciones y permitir que los usuarios configuren sus preferencias de cookies una sola vez —por ejemplo, en el navegador— en lugar de hacerlo en cada página web. Funcionarios de la Comisión ya han mantenido reuniones con la industria tecnológica para analizar el futuro de esta normativa.
El debate, sin embargo, está lejos de cerrarse. Mientras las empresas reclaman más flexibilidad y proponen integrar las reglas de cookies dentro del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), los defensores de la privacidad temen que se abran puertas al rastreo con fines publicitarios.
“Demasiado consentimiento básicamente lo destruye. Las personas están acostumbradas a dar su consentimiento para todo, por lo que podrían dejar de leer las cosas con tanto detalle”, declaró a POLITICO Peter Craddock, abogado de datos en Keller and Heckman. En cambio, Itxaso Domínguez de Olazábal, asesora política en European Digital Rights, advirtió también en declaraciones a POLITICO que centrarse en las cookies es “como reorganizar las tumbonas del Titanic”, señalando que el verdadero problema está en la publicidad de vigilancia.
La Comisión presentará en diciembre un nuevo texto legal que podría redefinir cómo funcionan las cookies en Europa. De confirmarse, los usuarios podrían despedirse de gran parte de los banners que han plagado la navegación en la última década.


