Por José Luis Roldán, Strategic Partnerships Manager en Getnet Europe

En el ecosistema tecnológico actual, el modelo de Software como Servicio (SaaS) ha alcanzado un punto de madurez extraordinario. Durante años, la prioridad de estos proveedores de software ha sido optimizar la gestión operativa interna de sus clientes, ofreciéndoles herramientas eficaces para digitalizar sus negocios. Sin embargo, el mercado está experimentando una evolución silenciosa pero imparable: estas soluciones de software quieren dejar de ser herramientas meramente de gestión para convertirse en el lugar donde ocurre el negocio, evolucionando hacia modelos transaccionales o de plataforma.
Esta transformación de un modelo SaaS puro a una plataforma es un cambio profundo en la propuesta de valor. Al conectar a compradores y vendedores (sellers) dentro de un mismo entorno, la gestión de los pagos deja de ser una mera utilidad técnica de última milla para convertirse en una palanca estratégica central. Controlar el flujo del dinero es, hoy en día, el verdadero motor de la rentabilidad, la retención y el crecimiento a gran escala.
Cuando una plataforma de software (nacida originalmente como un SaaS de gestión operativa) da este paso y asume el control de sus flujos financieros, el impacto en el negocio es inmediato. Por un lado, se mejora drásticamente la experiencia de usuario y de los comercios asociados, ofreciendo liquidaciones más rápidas, métodos de pago locales y procesos de disputa eficientes. Por otro lado, permite a la compañía abrir nuevas vías de ingresos antes inaccesibles, como la monetización de las transacciones o la oferta de servicios financieros de valor añadido. De esta manera, los pagos pasan de ser un centro de costes operativos a una fuente directa de diferenciación competitiva.
Como en cualquier cambio de paradigma (un análisis clave abordado en el marco del Marketplace Summit), el camino no está exento de desafíos y cada compañía vive este viaje desde un momento distinto de su trayectoria vital. La transición exige un delicado equilibrio técnico y regulatorio, ya que no todas las organizaciones recorren este camino desde el mismo punto.
Algunas compañías nacen como proveedores de software tradicional y descubren que incorporar las pasarelas de pago les permite evolucionar hacia verdaderas plataformas capaces de generar nuevas fuentes de ingresos transaccionales. Otras empresas, ya consolidadas como grandes marketplaces globales, entienden que controlar el flujo financiero es la mejor forma de reforzar la experiencia de usuario, aumentar la fidelización y acelerar su expansión internacional.
En ambos casos, la conclusión es la misma: quien controla los pagos deja de ser un mero proveedor tecnológico de software para convertirse en el verdadero orquestador del ecosistema. El futuro de los marketplaces y de las plataformas sectoriales (aquellas soluciones enfocadas en un vertical o industria concreta, como la restauración o el deporte, que logran conectar a todo su nicho) se escribe en su capacidad de orquestar transacciones financieras seguras, ágiles y rentables. Cuando una plataforma controla el flujo del dinero, deja de monetizar únicamente las licencias de su software de gestión y empieza a rentabilizar de forma integral todo su ecosistema económico.


