La batalla entre las grandes tecnológicas y la Unión Europea suma un nuevo capítulo. Apple, Google y Meta han mostrado su rechazo a las exigencias regulatorias que les obligan a abrir sus plataformas y asistentes de inteligencia artificial a soluciones de terceros, una medida impulsada por Bruselas en el marco de la Ley de Mercados Digitales (DMA).
El objetivo de la Comisión Europea es evitar que los denominados “guardianes de acceso” utilicen su posición dominante para favorecer sus propios asistentes de IA frente a competidores como ChatGPT, Perplexity, Mistral o Claude. Para ello, las nuevas obligaciones de interoperabilidad buscan garantizar que los usuarios puedan elegir qué asistente utilizan y que estos tengan acceso a determinadas funcionalidades de los sistemas operativos y plataformas digitales.
Sin embargo, las tres compañías consideran que esta apertura podría generar riesgos para la privacidad, la seguridad y la integridad de sus ecosistemas tecnológicos.
Apple retrasa Siri AI en Europa
La compañía fundada por Steve Jobs ha sido una de las más críticas con la regulación europea. Apple anunció recientemente que la nueva versión de Siri basada en inteligencia artificial no estará disponible inicialmente en la Unión Europea y atribuyó esta decisión a las exigencias de interoperabilidad —cambio de datos—impuestas por Bruselas.
Según Apple, las normas europeas obligarían a facilitar a asistentes rivales acceso a información sensible y a funciones del dispositivo, algo que, a su juicio, podría comprometer la protección de los datos de los usuarios. La empresa llegó a solicitar una exención temporal de 18 meses para el lanzamiento de Siri AI, petición que fue rechazada por la Comisión Europea.
Desde Bruselas sostienen una versión muy distinta. La Comisión asegura que la Ley de Mercados Digitales (DMA) no impide el lanzamiento de nuevos productos y que la decisión de retrasar Siri AI corresponde exclusivamente a Apple. Además, argumenta que la compañía no presentó una solución técnica compatible con las obligaciones de interoperabilidad previstas en la normativa.
Google y Meta también muestran su oposición
Google también ha expresado sus reservas ante las medidas propuestas por la Comisión Europea para Android. Bruselas plantea que asistentes de IA de terceros puedan interactuar con aplicaciones y funciones del sistema operativo para realizar acciones como enviar mensajes, compartir contenidos o ejecutar tareas dentro de otras aplicaciones.
La compañía considera que esta apertura podría debilitar los mecanismos de seguridad existentes y exponer a los usuarios a nuevos riesgos. Apple se ha alineado públicamente con esta posición y ha respaldado las críticas de Google a las propuestas regulatorias europeas.
Meta mantiene un enfrentamiento paralelo con las autoridades comunitarias. Esta misma semana, la Comisión Europea ordenó a la empresa permitir nuevamente el acceso de asistentes de IA rivales a WhatsApp mientras continúa una investigación por posibles prácticas anticompetitivas. Bruselas considera que restringir este acceso podría perjudicar la competencia en un mercado de asistentes de IA que evoluciona con gran rapidez.
Meta ha criticado la decisión y ha anunciado que recurrirá la medida, argumentando que favorece a competidores externos y supone una intervención excesiva del regulador.
La IA se convierte en el nuevo frente regulatorio
El conflicto refleja cómo la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales campos de batalla entre Bruselas y las grandes plataformas tecnológicas. Mientras la Comisión Europea defiende que la interoperabilidad es necesaria para fomentar la competencia y evitar nuevos monopolios digitales, las compañías afectadas sostienen que abrir sus ecosistemas puede tener consecuencias sobre la seguridad y la privacidad de los usuarios.
La disputa llega en un momento especialmente relevante para el sector, marcado por la rápida expansión de los asistentes basados en IA y por la creciente integración de estas herramientas en sistemas operativos, plataformas de mensajería y servicios digitales. Las decisiones que adopten los reguladores europeos durante los próximos meses podrían influir de forma decisiva en cómo se desarrolla la competencia en este mercado emergente.



