Utah se ha convertido en el primer estado de Estados Unidos en permitir que un sistema de inteligencia artificial renueve determinadas recetas médicas sin la intervención directa de un profesional sanitario.
La iniciativa se enmarca en un acuerdo piloto con la startup de salud digital Doctronic, revelado en exclusiva por POLITICO, y está orientada a pacientes con enfermedades crónicas y a medicamentos de uso habitual.
El programa, puesto en marcha de forma discreta hace apenas unas semanas, abre un debate clave sobre hasta qué punto la IA puede asumir funciones tradicionalmente reservadas a los médicos y qué riesgos regulatorios, clínicos y éticos implica automatizar uno de los actos más sensibles del sistema sanitario.
Un experimento para reducir costes y presión asistencial
Según las autoridades estatales, el objetivo es reducir costes, evitar interrupciones en los tratamientos y aliviar la presión sobre el sistema sanitario, especialmente en zonas rurales. Margaret Busse, directora ejecutiva del Departamento de Comercio de Utah, defiende que automatizar tareas rutinarias como la renovación de recetas permite liberar tiempo clínico y mejorar el acceso de los pacientes a sus medicamentos.
El sistema funciona a través de una plataforma online que verifica que el paciente se encuentra físicamente en Utah, accede a su historial de prescripciones y muestra una lista de medicamentos elegibles. A partir de ahí, la IA plantea las mismas preguntas clínicas que haría un médico y, si no detecta riesgos, envía directamente la renovación a la farmacia.
El programa está limitado a unos 190 fármacos de uso común y excluye medicamentos de mayor riesgo, como los relacionados con el manejo del dolor, el TDAH o los tratamientos inyectables.
Seguridad, regulación y el papel de la FDA
Desde Doctronic aseguran que su tecnología ha sido validada frente a profesionales humanos. En datos compartidos con los reguladores de Utah, la compañía afirma que su sistema coincidió con las decisiones médicas en el 99,2 % de 500 casos analizados en atención urgente. Además, los primeros 250 casos de cada clase de medicamento son revisados por médicos antes de que el proceso pase a ser completamente autónomo.
Pese a ello, la iniciativa ha generado reticencias en organizaciones médicas. La Asociación Médica Estadounidense advierte de los riesgos de delegar decisiones clínicas en algoritmos sin supervisión directa, como la posibilidad de abusos, errores en interacciones farmacológicas o la omisión de señales clínicas relevantes.
Otra de las grandes incógnitas es la regulación. Por ahora, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) no se ha pronunciado sobre este piloto. Si el organismo federal concluye que este tipo de soluciones debe regularse como un dispositivo médico, su expansión podría verse condicionada. Mientras tanto, Utah sostiene que la práctica médica corresponde a los estados y que la supervisión federal deberá adaptarse a esta nueva realidad.
Doctronic ya mantiene conversaciones con otros estados como Texas, Arizona o Misuri y no descarta una vía de aprobación a nivel nacional. El resultado de esta prueba en Utah, adelantada por POLITICO, podría sentar un precedente sobre cómo y hasta dónde la inteligencia artificial puede integrarse en la toma de decisiones médicas en Estados Unidos.


