El gigante del comercio electrónico con sede en Singapur cerró 2024 con un crecimiento sólido de ingresos pero con la rentabilidad bajo presión. La matriz de Shein facturó 37.000 millones de dólares, un 20% más interanual, mientras que el beneficio antes de impuestos cayó a 1.300 millones, frente a los 1.500 millones registrados en 2023 (-13%). La compañía atribuye el retroceso a un encarecimiento general de los costes que ya venía notando incluso antes de la entrada en vigor de nuevas barreras comerciales.
A lo largo del ejercicio, el grupo abonó en torno a 188 millones de dólares en tributos. Dentro de esa cifra se incluye una partida de 6,1 millones correspondiente a “impuestos diferidos de ejercicios anteriores”, según sus últimas cuentas internas.
Shein admite que el cambio de marco comercial, especialmente en Estados Unidos, añade incertidumbre y complejidad operativa. El mayor impacto se espera en ese mercado por la combinación de aranceles más altos y el fin de la exención de minimis que permitía enviar pedidos sin cargar tasas aduaneras. Desde finales de agosto, la eliminación de esa vía ha coincidido con una caída de hasta el 8% en las ventas mensuales en el país, de acuerdo con datos recientes del mercado.
El ajuste en márgenes llega, además, en un momento en el que la empresa enfría sus planes de salida a bolsa. Tras más de dos años de idas y venidas con supervisores en China y en otras jurisdicciones —entre ellas Estados Unidos—, el proceso se ha alargado y ha forzado a Shein a abrir más su información financiera, sin que por ahora se vislumbre una ventana clara para el debut bursátil.
Shein crece en volumen y mantiene el pulso comercial, pero entra en 2025 con el reto de absorber mayores costes, navegar un entorno regulatorio más exigente en su principal mercado exterior y recomponer unos márgenes que ya reflejan el nuevo clima arancelario.


