Meta está desarrollando un sistema de inteligencia artificial para sus gafas inteligentes capaz de identificar a las personas que aparecen delante del usuario y generar automáticamente clips de vídeo a partir de esos momentos. La tecnología aparece descrita en una patente recientemente publicada y plantea una evolución de las gafas hacia un dispositivo que no solo graba, sino que decide qué merece la pena conservar.
El sistema combinaría reconocimiento facial, análisis de expresiones, seguimiento de la mirada y datos sobre las relaciones del usuario para determinar qué personas son relevantes y qué momentos deberían convertirse en recuerdos digitales.
Las gafas decidirían qué momentos grabar
La propuesta va un paso más allá de las actuales funciones de fotografía y vídeo.
Según la patente, las gafas podrían analizar lo que está viendo el usuario y detectar automáticamente a determinadas personas. A partir de esa información, el sistema podría seleccionar momentos concretos y crear clips o recopilaciones personalizadas.
Por ejemplo, durante una reunión con amigos, las gafas podrían identificar a las personas presentes, analizar sus interacciones y posteriormente generar una selección de los momentos más relevantes. La intención es reducir la necesidad de que el usuario tenga que sacar el teléfono o decidir manualmente cuándo pulsar el botón de grabación.
El reconocimiento facial es la pieza clave
Para conseguirlo, Meta plantea utilizar tecnología de reconocimiento facial capaz de asociar las personas que aparecen ante la cámara con información almacenada previamente.
La tecnología podría utilizar datos relacionados con las conexiones del usuario y perfiles públicos para determinar quién aparece en escena. Esta posibilidad no es completamente nueva: en junio se descubrió código denominado internamente NameTag en la aplicación Meta AI, diseñado para identificar mediante las cámaras de las gafas a personas captadas por el dispositivo.
Meta ya ha experimentado, por tanto, con la identificación de personas mediante sus gafas, aunque la patente amplía considerablemente el concepto al combinarlo con la generación automática de contenido.
También analizaría las expresiones y la mirada
El sistema descrito no se limitaría a saber quién aparece.
La patente contempla analizar expresiones faciales, dirección de la mirada y relaciones entre personas, utilizando toda esa información para determinar qué elementos de una escena pueden resultar importantes para el usuario.
Esto permitiría que las gafas seleccionaran momentos en función del contexto.
Si el usuario está conversando con una persona concreta, por ejemplo, el sistema podría darle prioridad frente a alguien que aparece accidentalmente en segundo plano. De esta manera, la inteligencia artificial funcionaría como una especie de editor automático de los recuerdos capturados.
De grabar todo a crear recuerdos
La propuesta encaja con otros prototipos que Meta está investigando.
En julio, la compañía trabajaba en unas gafas de «superdetección» capaces de capturar audio continuamente y realizar fotografías del entorno cada pocos segundos para que posteriormente el usuario pudiera consultar esos recuerdos mediante IA.
La diferencia ahora está en la selección automática del contenido.
En lugar de guardar simplemente una enorme cantidad de imágenes y sonidos, el sistema podría identificar personas y situaciones relevantes y convertirlas en clips organizados.
El resultado sería una especie de memoria digital generada automáticamente a partir de lo que el usuario ha vivido.
Las gafas de Meta ya incorporan IA
Meta está ampliando rápidamente las capacidades de sus dispositivos.
La compañía lanzó en junio una nueva generación de Meta Glasses junto a EssilorLuxottica, con Meta AI integrada y precios desde 309 euros en España. La compañía considera las gafas una de las categorías de hardware con mayor potencial para los asistentes de inteligencia artificial porque permiten que la IA interprete el mundo desde la perspectiva del usuario.
Las gafas actuales ya pueden tomar fotografías y vídeos, responder preguntas, reconocer determinados elementos del entorno y proporcionar información al usuario.
La patente apunta a una evolución en la que la IA tendría cada vez más capacidad para decidir qué información merece ser capturada y almacenada.
La privacidad vuelve a estar en el centro
El avance también plantea importantes dudas sobre privacidad.
Unas gafas capaces de identificar automáticamente a las personas que rodean al usuario podrían procesar información biométrica de individuos que no han dado su consentimiento para ser reconocidos.
La preocupación no es únicamente teórica. En agosto, el grupo alemán de derechos digitales HateAid presentó una denuncia penal contra Meta y otras empresas relacionadas con las gafas inteligentes por posibles problemas de privacidad derivados de la grabación de personas sin su consentimiento.
Meta, por su parte, ha incorporado diferentes mecanismos para indicar cuándo las gafas están capturando contenido. Su LED blanco parpadea durante la grabación y la compañía asegura que la cámara se desactiva si el sistema detecta que esa luz ha sido bloqueada o manipulada.
Sin embargo, reconocer a alguien y analizar sus características plantea un problema diferente al de simplemente grabar un vídeo.
Una patente no significa que vaya a llegar al mercado
Por ahora, la tecnología descrita forma parte de una patente y no implica que Meta vaya a incorporarla necesariamente a sus próximas gafas.
Las grandes tecnológicas registran numerosas ideas que posteriormente no se convierten en productos comerciales. En este caso, además, la implementación de un sistema de reconocimiento facial tan avanzado tendría que enfrentarse a importantes cuestiones legales y regulatorias.
Aun así, la patente permite conocer hacia dónde está investigando Meta.
Meta quiere que las gafas sean un asistente permanente
La dirección estratégica resulta bastante clara.
Las gafas están dejando de plantearse únicamente como una cámara que se lleva puesta y empiezan a convertirse en un dispositivo capaz de observar, interpretar y recordar el entorno.
Si estas funciones llegaran a materializarse, el usuario podría simplemente llevar las gafas durante una comida, un viaje o una reunión y dejar que la inteligencia artificial identificara a las personas relevantes, seleccionara momentos y generara posteriormente una recopilación.
El gran reto será conseguir que esa experiencia resulte útil sin convertir las gafas en una herramienta de vigilancia permanente de las personas que rodean al usuario.


