La Unión Europea ha aprobado la nueva tasa fija de tres euros, que se aplicará a los envíos de bajo valor provenientes de fuera del bloque comunitario. La medida entrará en vigor el 1 de julio de 2026 y tendrá un carácter provisional hasta, por lo menos, julio de 2028. Esta afectará a aquellos paquetes cuyo valor sea menor a 150 euros.
Como estos envíos estaban exentos de aranceles aduaneros hasta el momento, el movimiento representa un cambio importante en la política comercial de Europa. De acuerdo con datos de la Comisión Europea, en 2024 llegaron al mercado comunitario 4.600 millones de paquetes por debajo de ese umbral, aproximadamente unos 12 millones cada día. Esta cifra que revela la magnitud del fenómeno.
Una tasa por categoría de producto, no por paquete
Uno de los puntos que más dudas había generado es cómo se aplicará exactamente el nuevo gravamen. No se cobrarán tres euros por paquete, sino tres euros por cada categoría arancelaria distinta del envío, a condición de que el valor total no exceda los 150 euros.
En la práctica, si un paquete contiene productos de dos subpartidas arancelarias distintas, se abonarán seis euros. Por el contrario, si incluye varias unidades del mismo tipo de artículo, la tarifa será una sola de tres euros.
Este matiz es clave para entender el verdadero efecto sobre los operadores de comercio electrónico, en particular aquellos cuyo modelo se basa en enviar productos a precios muy bajos y con márgenes limitados.
Golpe al modelo de ultra bajo coste
La medida afectará, sobre todo, a las plataformas de venta masiva que tengan una significativa presencia de productos originarios de China. En Europa, en los últimos años, marketplaces como AliExpress, Temu o Shein han tenido un aumento explosivo gracias a sus tarifas muy competitivas y a que envían directamente al cliente final.
En países como España, estas aplicaciones han ocupado de manera constante los primeros lugares en términos de descargas. Su atractivo se encuentra, exactamente, en esa mezcla de precio bajo y acceso directo al cliente sin intermediarios europeos.
No obstante, el nuevo recargo tiene la capacidad de modificar esa ecuación de manera considerable, pues un sobrecoste fijo de tres euros en productos que valen pocos euros puede representar una subida porcentual alta sobre el precio final.
Una medida transitoria antes de la gran reforma aduanera
La tasa aprobada no será la definitiva. Bruselas la considera un procedimiento temporal hasta que el nuevo sistema digital centralizado de gestión aduanera, denominado EU Customs Data Hub, esté completamente operativo.
Una vez esta infraestructura esté operativa, la UE planea suprimir de manera definitiva la exención para envíos de bajo valor y aplicar el régimen aduanero ordinario a todos los paquetes, sin importar su importe.
La reforma es un componente de una revisión más extensa del Código Aduanero de la Unión, que está en proceso de negociación entre el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea.
Además, hay otra negociación en curso acerca de una posible tarifa adicional de gestión, que no tiene como objetivo balancear la competencia, sino más bien compensar los costes administrativos cada vez mayores que resultan del gran volumen de envíos de comercio electrónico.
Protección presupuestaria y competencia interna
Según el texto que modifica el Reglamento (CE) n.º 1186/2009, la justificación oficial de Bruselas sobre la eliminación de la exención para envíos de bajo valor tiene dos partes. Por un lado, considera que en un entorno aduanero, no tiene sentido mantener un beneficio fiscal creado en su momento para evitar cargas administrativas excesivas. Por otro lado, subraya la necesidad de proteger las finanzas públicas de los países y el presupuesto comunitario.
El trasfondo también es competitivo. Las compañías europeas han estado denunciando una desigualdad en las condiciones del mercado, ya que compiten con productos importados que no pagaban aranceles a pesar de ingresas al territorio comunitario en grandes cantidades.
Con esta decisión, la UE busca cerrar esta brecha. Sin embargo, al igual que sucede con cualquier medida arancelaria, los efectos no solo se verán en las plataformas extranjeras. Una parte del coste podría ser asumido por el consumidor final.
A partir del verano de 2026, el comercio electrónico transfronterizo de bajo coste en Europa pasará a una nueva fase caracterizada por un control más estricto, una trazabilidad ampliada y un encuadramiento fiscal diferente para la tendencia del «ultra fast fashion» y el consumo de bajo coste digital.


