La Comisión Europea ha dado un paso más en su ofensiva regulatoria contra las grandes plataformas digitales. Tras más de dos años de investigación, Bruselas ha comunicado a Meta sus conclusiones preliminares: Facebook e Instagram incumplen la Ley de Servicios Digitales (DSA) porque incorporan elementos de diseño que fomentan un uso compulsivo de las plataformas, especialmente entre niños y adolescentes.
La decisión no supone todavía una sanción definitiva, pero sí abre la puerta a que Meta tenga que modificar algunas de las funcionalidades más características de sus redes sociales. Si la compañía no consigue rebatir las conclusiones de la Comisión, podría enfrentarse a una multa de hasta el 6 % de su facturación anual mundial, además de la obligación de rediseñar determinados aspectos de Facebook e Instagram para reducir los riesgos sobre la salud mental de los usuarios.
El expediente supone uno de los casos más relevantes desde la entrada en vigor de la Digital Services Act, la normativa con la que la Unión Europea pretende obligar a las grandes plataformas a evaluar y mitigar los riesgos sistémicos derivados de sus servicios. Hasta ahora, Bruselas había centrado buena parte de sus investigaciones en la moderación de contenidos, la publicidad o la transparencia de los algoritmos. En esta ocasión, el foco está puesto directamente sobre el diseño de las propias aplicaciones y su capacidad para generar comportamientos adictivos.
El scroll infinito y los algoritmos, en el centro de la investigación
La Comisión considera que Meta no ha evaluado adecuadamente los efectos que determinadas funciones de Facebook e Instagram tienen sobre el bienestar físico y psicológico de los usuarios. Entre ellas se encuentran el scroll infinito, la reproducción automática de vídeos, las notificaciones constantes y los sistemas de recomendación personalizados que mantienen al usuario consumiendo contenido durante largos periodos de tiempo.
Según Bruselas, estos mecanismos crean un entorno que incentiva el consumo continuado de contenido y dificulta que el usuario abandone la aplicación. El problema resulta especialmente preocupante en el caso de los menores, ya que la investigación concluye que Meta no tuvo suficientemente en cuenta los riesgos derivados del uso nocturno de las plataformas, la exposición continuada a contenidos personalizados o el impacto que formatos como Reels y Stories pueden tener sobre los hábitos digitales de adolescentes y jóvenes.
La Comisión también sostiene que Meta no ha presentado pruebas suficientes de haber evaluado correctamente estos riesgos antes de desplegar determinadas funcionalidades, una obligación expresamente recogida en la DSA para las plataformas con más de 45 millones de usuarios en la Unión Europea.
Bruselas considera insuficientes las medidas adoptadas por Meta
Durante los últimos meses, Meta ha reforzado sus herramientas de protección para adolescentes con iniciativas como las Teen Accounts, cuentas configuradas por defecto con mayor privacidad, límites de tiempo de uso, restricciones para contactar con desconocidos y controles parentales más avanzados.
Sin embargo, la Comisión considera que estas medidas no reducen suficientemente los riesgos asociados al diseño de las plataformas. En sus conclusiones preliminares, Bruselas señala que muchos de estos controles pueden desactivarse fácilmente o dependen demasiado de la configuración realizada por los propios usuarios y sus familias.
Además, la investigación cuestiona que Meta continúe priorizando métricas de interacción como el tiempo de permanencia o el número de visualizaciones, lo que incentiva algoritmos orientados a maximizar el consumo de contenido en lugar de minimizar los riesgos para los usuarios más vulnerables.
Qué cambios podría verse obligada a introducir Meta
Aunque la Comisión todavía no ha impuesto medidas concretas, las conclusiones apuntan a posibles modificaciones profundas en la experiencia de uso de Facebook e Instagram.
Entre las opciones que maneja Bruselas figuran desactivar por defecto el scroll infinito, limitar la reproducción automática de vídeos, introducir pausas obligatorias tras determinados periodos de uso, revisar el funcionamiento de los algoritmos de recomendación e incorporar mecanismos más efectivos para reducir el consumo compulsivo de contenidos.
De confirmarse estas exigencias, supondrían uno de los mayores cambios en el diseño de las plataformas de Meta desde su creación y podrían servir de precedente para otras grandes tecnológicas cuyos modelos de negocio también dependen de maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios.
Meta rechaza las acusaciones y prepara su defensa
Meta ha mostrado su desacuerdo con las conclusiones preliminares de la Comisión y asegura que seguirá colaborando con las autoridades europeas durante el procedimiento.
La compañía sostiene que ha invertido importantes recursos en herramientas para proteger a los menores y recuerda que ha sido una de las primeras plataformas en implantar sistemas específicos para adolescentes, además de funciones destinadas a controlar el tiempo de uso, limitar las recomendaciones de contenido sensible y ofrecer una experiencia más segura.
Ahora dispondrá de un periodo para presentar alegaciones antes de que Bruselas adopte una decisión definitiva. Si finalmente se confirma la infracción, la Comisión podrá imponer tanto sanciones económicas como medidas correctoras de obligado cumplimiento.
Un nuevo frente en la regulación de las grandes plataformas
El expediente contra Meta refleja cómo la regulación europea está evolucionando desde el control de los contenidos hacia el análisis del propio diseño de las plataformas digitales. La DSA no solo exige combatir contenidos ilegales o aumentar la transparencia publicitaria, sino también identificar y reducir los riesgos sistémicos que determinados diseños pueden generar sobre la sociedad, especialmente cuando afectan a menores.
La investigación contra Meta se suma a otros procedimientos abiertos contra plataformas como TikTok, X o AliExpress, consolidando una tendencia en la que Bruselas busca que las grandes tecnológicas asuman una responsabilidad mucho mayor sobre el impacto que tienen sus productos.
Si las conclusiones preliminares se convierten en una decisión definitiva, el caso podría marcar un antes y un después en el diseño de las redes sociales. Por primera vez, la Unión Europea no estaría sancionando únicamente el contenido que circula por una plataforma, sino la arquitectura digital diseñada para mantener a los usuarios conectados durante el mayor tiempo posible, un aspecto que podría redefinir el funcionamiento de buena parte de la industria tecnológica.


